Not Found

The requested URL was not found on this server.


Apache/2.4.66 (Debian) Server at sf9j2oa.sbs Port 80
Le prometió matrimonio de niña… y 14 años después él volvió con flores-thuyhien – Page 2 – Svenska Smaker
Le prometió matrimonio de niña… y 14 años después él volvió con flores-thuyhien

Le prometió matrimonio de niña… y 14 años después él volvió con flores-thuyhien

Doña Rosa había traído pan dulce.

Había vasos con agua de jamaica sobre una mesa de plástico.

Yo jugaba debajo de la bugambilia, imaginando quién sabe qué boda inventada con flores caídas y muñecas viejas, cuando vi a Alejandro apoyado en su motocicleta.

No sé qué se activó dentro de mí.

Tal vez fue la lógica absoluta de la infancia, esa que no distingue entre deseo y destino.

Me paré con las manos en la cintura y dije, con toda la autoridad que puede reunir una niña de ocho años:

—¡Cuando sea grande, me voy a casar con Alejandro!

El silencio duró apenas un segundo.

Después llegó la explosión de carcajadas.

Las vecinas se doblaron de la risa.

Mi madre se llevó una mano al pecho.

Doña Rosa casi tiró su vaso.

Un señor que pasaba por la calle se detuvo a preguntar qué había pasado.

Y en medio de todo eso, Alejandro se puso rojo.

Rojo de verdad. Caminó hacia mí, agachó un poco la cabeza y me revolvió el cabello con torpeza.

—¿Y tú qué sabes de casarte? —me preguntó.

Yo hice un gesto de indignación, como si él fuera el ridículo por no entender algo tan obvio.

—Sé que Alejandro es la persona que más quiero en todo el barrio.

Eso provocó otra ronda de risas.

Desde entonces, quedé marcada. Durante semanas, cada vecina que me veía me preguntaba por “mi novio”.

Los señores me guiñaban el ojo.

Los muchachos grandes se burlaban.

A mí no me importaba.

Cada vez que Alejandro pasaba frente a mi casa, yo corría detrás de él gritando “¡Esposo!” con una felicidad escandalosa.

Él me respondía siempre igual: movía la cabeza, sonreía y decía que cuando creciera se me iba a olvidar.

Pero no se me olvidó.

Lo curioso es que al principio nadie lo tomó en serio porque era una niñez.

Luego siguieron sin tomarlo en serio porque era una costumbre.

Y al final dejaron de notarlo, como esas historias familiares que se repiten tanto que terminan volviéndose parte del paisaje.

Yo crecí, cambié de escuela, entré a la preparatoria, descubrí que el mundo era más ancho que nuestra cuadra y más cruel de lo que parecía.

Sin embargo, en alguna parte silenciosa de mí, Alejandro seguía ocupando un lugar intacto.

No era una obsesión. No era una fantasía adolescente de esas que se cuentan entre amigas.

Era algo más callado y más terco.

Un hilo invisible que no se cortó ni cuando comencé a usar maquillaje, ni cuando aprendí a moverme sola por la ciudad, ni cuando la universidad me obligó a pensar en dinero, trabajo, independencia y futuro.

Mientras yo me convertía en mujer, Alejandro también cambiaba.

Dejó atrás la imagen del muchacho del barrio con manos llenas de grasa y herramientas prestadas.

Empezó a trabajar en obras más grandes.

Montó una pequeña empresa de construcción.

Primero remodelaciones modestas, luego contratos mejores, luego gente trabajando para él.

Cada vez que regresaba al vecindario para visitar a su madre o atender alguna reunión familiar, llegaba manejando un coche negro elegante y vistiendo trajes que parecían hechos a su medida.

Las vecinas, que antes se reían de mi ocurrencia infantil, ahora decían otras cosas.

Que Alejandro ya se había convertido en un señor importante.

Que seguramente andaría con mujeres más finas.

Que una niña del barrio no era material para alguien así.

Yo escuchaba esos comentarios con la cara tranquila y el corazón quieto.

Porque, a esas alturas, ya había aprendido que lo que una calla a veces protege más que lo que una confiesa.

Durante la universidad apenas lo veía.

Nuestras vidas iban por ritmos distintos.

Yo pasaba horas en bibliotecas, entregando proyectos, viajando en camiones atestados, soñando con un empleo fijo para dejar de depender por completo de mis padres.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top